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En el siglo I E.C. había una congregación cristiana en esta ciudad. Dorcas (Tabita), mujer que ‘abundaba en buenos hechos y en dones de misericordia’, se asociaba con aquella congregación. Cuando murió, los discípulos llamaron a Pedro, quien llegó desde la cercana Lida y la resucitó. Pedro permaneció aquibastantes días y se hospedó en casa de un tal Simón, curtidor, que vivía junto al mar
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